Y nos dieron los diez…

Eso es lo que debería cantar este año La Magdalena, la banda platense que desde hace una década sube a los escenarios para homenajear la música y la poesía de Joaquín Sabina.

Incluso en estos tiempos donde la moda radial son canciones con beats repetidos y letras con metáforas sexuales poco elaboradas, la trinchera tal vez sea volver a tocar rock, blues, boleros, guajiras, rumbas flamencas, baladas y sones cubanos. Y lo que tienen en común todos esos géneros es a Joaquin.

El gallego más porteño de Madrid desde hace 25 discos (18 de estudio y 7 en vivo), nos viene diciendo que existen más de cien mentiras que valen la pena para seguir adelante. En el caso de Joaquín, sus canciones y sonetos fueron y siguen siendo el motivo para seguir vivo. Y si hablamos de su gran colección de éxitos, podemos decir que a Sabina le sobran los motivos. Y también a La Magdalena después de diez años de historia.

Nacida del sueño roto de Juan Bares (Bareta para los amigos), en el restaurant de algún Boulevard de la ciudad, la banda platense se formó bajo una premisa fundamental: evitar ser un grupo que imita la voz actual de Sabina, pero sobre todo darles a las canciones un sonido auténtico. Así comenzó Bareta, el capitán de La Magdalena, en un barco sin timón ni timonel, a esperar que suba la marea para desafiar el oleaje.

En estos diez años, la banda tiene infinidad de historias hermosas, anécdotas internas donde nunca faltan el asado, el vino, las canciones de buenos borrachos y también la liturgia de las despedidas.

Y no es errado decir esto porque la formación que hoy tiene La Magdalena no es la misma que en sus inicios a excepción de Bareta y el baterista, Fermín Raitelli Osácar. Fermín ostenta el rango de ser el más joven (en años) y a la vez el más viejo (en antigüedad) de la banda: tan joven y tan viejo like a Rolling Stone. Y al igual que Charlie Watts en los Stones, Fermín sigue siendo el pulso inamovible que sostiene el tempo a través de todo este tiempo en el grupo.

Si diez años después (Calamaro Dixit), hubiera que hablar de los cambios en la banda, esta nota tendría varias páginas y se leería como a las cosas que no tienen mucho sentido… y sin embargo, los que hoy no están no habitan en el olvido, porque de alguna manera fueron parte del recorrido de La Magdalena hasta el presente.

Aunque quizás valga la pena destacar la historia de cómo llegaron los músicos que hoy forman parte del proyecto. Manuel Hutchins (guitarra acústica y coros) llegó una noche como reemplazo de emergencia, dos horas antes de un show en 2018. Lo que iba a ser un reemplazo de una sola noche terminó siendo un ofrecimiento para ser parte del plantel estable. Hutchins cuenta la anécdota cada vez que puede y según el resto de la banda, cada vez le agrega más detalles y mentiras piadosas.

Nicolás Lopardo puede que sea el mejor fichaje de este grupo, similar a cuando el Nápoli fichó a Diego. Ya en el primer ensayo, Bareta lo consideró el mejor guitarrista del condado y por eso lo bautizó con el apodo de El Conde. El detalle es que cuando llamaron al Conde para invitarlo a ser parte de la banda, estaba aterrizando en Madrid y aceptó de inmediato diciendo: “Si esto no es una señal, no sé qué lo es”. Ahora que tengo un alma que no tenía, dice Joaquín al igual que los músicos de La Magdalena que hoy disfrutan el talento y la amistad del Conde.

Entre estas dos nuevas incorporaciones (Hutchins y Lopardo), Bareta necesitaba de alguien para delegar y capear el temporal para cantar el rocanrol de los idiotas. Y entonces apareció Mauro “La Bruja” Peralvo, el productor y manager de la banda desde hace seis años. La del tacón de aguja era Maruja… ¿O la Bruja? Hubiera sido hermosa la coincidencia de ese verso de Joaquín con su llegada, pero lo cierto es que el apodo se lo otorga Bareta por su calvicie y la barba similar a Juan Sebastián Verón. A esta altura, queda claro que los apodos siempre fueron el derecho absoluto del cantante de La Magdalena.

Unas semanas después de la incorporación del Conde iba a llegar Pablo Fernández al bajo. El hecho de que en su primer ensayo supiera todas las canciones lo hizo ganarse el mote de Mago. Cuando se supo de su trabajo nocturno y sus despertares cercanos al mediodía, se agregó al apodo “Neblina”: nunca se levanta antes de las once de la mañana. El Mago Neblina, antes uno de los conductores suicidas, hoy lo niega todo.

Y finalmente el último de La Magdalena es, como canta Ana Belén, el hombre del piano. Juan Enrique Abre, mejor conocido como Lique. El que llegó a un show buscando convencer a la Bruja para ser manager de su grupo y no solo no lo consiguió, sino que además la banda lo convenció de sumarse. El más responsable de los seis, no solo aporta su talento musical, sino que además les presta su sala de ensayo y su corazón tan cinco estrellas… ¡Y nunca les cobró!

Así es la familia de La Magdalena hoy en día. Siete amigos que, igual que Joaquín, hacen de la amistad una forma de amor y de la música una forma de vida. Siete músicos que esperan a su público el próximo 7 de septiembre para una nueva noche sabinera.

La Magdalena – Noche Sabinera

Sábado 7/9 – 21 hs.

La Sala (46 e/ 19 y 20)

Entradas a la venta en

https://publico.alternativateatral.com/entradas48111-la-magdalena-noche-sabinera?o=14

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