De acuerdo con el reciente informe del Observatorio de la Deuda Social de la UCA (ODS-UCA), un 35,5% de los niños, niñas y adolescentes, lo que equivale a aproximadamente 4,3 millones, enfrenta dificultades para acceder a una alimentación adecuada. Además, un preocupante 16,5% se encuentra en la forma más extrema de esta situación.
Este aumento sostenido refleja problemas estructurales relacionados con la pobreza y la informalidad laboral, y se ha acentuado en el último año debido a la crisis socioeconómica.
El estudio, titulado “Inseguridad alimentaria en la infancia argentina: un problema estructural observado en la coyuntura actual”, señala que desde 2010 ha habido un incremento continuo en estos índices, con tres momentos críticos: 2018, el año de la pandemia en 2020 y 2024.
Factores determinantes: pobreza, empleo precario y hogares vulnerables:
El informe, coordinado por Ianina Tuñón y Agustín Salvia, indica que la inseguridad alimentaria afecta principalmente a los hogares que se encuentran en situaciones de pobreza, aquellos con jefaturas laborales inestables, así como a familias monoparentales y numerosas. La condición laboral es el factor más relevante: los hogares con empleo informal o subempleo han reportado los niveles más altos de inseguridad alimentaria, alcanzando cifras alarmantes del 43% en 2019, 49% en 2020 y 51% en 2024.
En comparación, los hogares con empleo formal presentan niveles mucho más bajos (10%), aunque esto también evidencia que incluso en situaciones de empleo estable hay sectores que enfrentan problemas estructurales.
Otro aspecto preocupante es la mayor vulnerabilidad observada en los hogares monoparentales, cuya incidencia es 12 puntos porcentuales superior a la de las familias biparentales entre 2010 y 2024. Las familias compuestas por cinco o más miembros también enfrentan brechas significativas y crecientes en cuanto a la inseguridad alimentaria.
