Corrupción, testaferros y lealtades: la verdadera historia detrás del poder del “Chiqui” Tapia

Hace apenas cuatro años, pocos hubieran apostado a que el entonces presidente de Barracas Central —un club de la tercera categoría del fútbol argentino— escalaría hasta convertirse en el sucesor de Julio Grondona al frente de la Asociación del Fútbol Argentino (AFA). Sin embargo, Claudio “Chiqui” Tapia no sólo llegó, sino que consolidó un poder que hoy lo posiciona como una figura indiscutida dentro del fútbol nacional y del mundillo político, aunque no sin polémicas.

En sus comienzos, Tapia no ocultaba su admiración por el histórico dirigente de la AFA: en una entrevista de 2015 con DeporTEA llegó a declarar que defendía “la cultura grondonista a muerte”, y agregó sin rodeos: “Soy lo que soy gracias a Julio Grondona”. Con el tiempo, y tras los escándalos de corrupción que envolvieron al fallecido dirigente, Tapia optó por el silencio y se cuidó de repetir esos elogios.

El verdadero ascenso de Tapia dentro del fútbol tiene como eje su cercanía con Hugo Moyano, líder de Camioneros. Su matrimonio con Paola Moyano, hija del gremialista, fue también el inicio de una relación de confianza que le abrió puertas tanto en el gremialismo como en los pasillos de la AFA.

Pero reducir a Tapia a su rol en Barracas Central o su liderazgo en CEAMSE sería simplificar una figura que hoy concentra poder dentro y fuera de la cancha.

Vínculos con un supuesto testaferro político

En diciembre de 2016, Tapia nombró como vicepresidente de Barracas Central a Pablo Toviggino, un dirigente santiagueño que hoy ocupa el cargo clave de Secretario Ejecutivo de la Presidencia de la AFA. Poco conocido por el público, Toviggino es una figura con fuerte influencia interna tanto en la política como en el fútbol.

Su prontuario incluye denuncias penales por compra de votos (en vísperas de la escandalosa elección de 2015 que terminó en un empate 38-38) y por integrar una presunta organización dedicada a la usurpación de tierras que serían utilizadas para el ingreso de droga al país. Además, medios locales como Arena Política y Código Rojo lo vincularon directamente con Daniel Zamora, hermano del exgobernador santiagueño Gerardo Zamora, señalándolo como su testaferro en el manejo de tierras fiscales.

A pesar de estas denuncias, Toviggino es uno de los hombres más cercanos a Tapia, lo que deja en evidencia el tipo de figuras que el presidente de AFA elige para construir su círculo de confianza.

Tapia, de los dos lados del mostrador

Otro escándalo judicial que compromete a Tapia surgió en 2015, cuando el juez federal Sebastián Ramos abrió una causa en su contra por incompatibilidad de funciones. Tapia cobraba un sueldo como Coordinador General de la Unidad de Inspección de CEAMSE —la empresa pública de tratamiento de residuos en el AMBA— mientras simultáneamente recibía ingresos de IPSA Ambiental S.A., una firma privada a la que debía auditar en su rol público.

Esta doble dependencia fue interpretada por la Justicia como un claro conflicto de intereses, y dejó en evidencia cómo Tapia manejaba recursos y cargos públicos a su conveniencia.

CEAMSE como trampolín de poder

La diputada Graciela Ocaña denunció que Tapia utilizó su posición en CEAMSE para tejer una red de lealtades políticas que luego lo respaldarían dentro de la AFA. Según la denuncia, incorporó a la empresa a varios dirigentes de clubes del ascenso —como Fabián Lovato (San Telmo), Jorge Milano (Villa Dálmine) y Javier Marín (Acassuso)— quienes más tarde ocuparon roles claves en las mesas directivas de las distintas categorías de la AFA.

De esta manera, Tapia logró trasladar una estructura de poder paralela desde un organismo estatal hacia el corazón del fútbol argentino, beneficiando a aliados personales con puestos estratégicos, siempre con el respaldo de Axel Kicillof.

Claudio “Chiqui” Tapia construyó su imperio deportivo con las reglas no escritas del poder sindical, el legado de Grondona y una red de lealtades que, lejos de los valores del deporte, se parece más a una estructura política aceitada. Mientras la AFA opera bajo su mando casi sin oposición, los episodios que salpican su trayectoria no hacen más que confirmar una peligrosa concentración de poder que, en lugar de sanear el fútbol argentino, lo sigue enredando en las mismas prácticas de siempre.

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