En un país donde los cargos públicos muchas veces se asignan por afinidad política más que por mérito técnico, la designación de Claudio “Chiqui” Tapia al frente de la CEAMSE es un caso que despierta críticas y plantea preguntas urgentes. Conocido por su rol como presidente de la Asociación del Fútbol Argentino (AFA), Tapia ahora lidera uno de los organismos más relevantes en la gestión de residuos del Área Metropolitana de Buenos Aires. La polémica no se hizo esperar.
Sin formación técnica ni experiencia ambiental
CEAMSE —la Coordinación Ecológica Área Metropolitana Sociedad del Estado— administra el tratamiento y disposición final de los residuos de más de 40 municipios, incluidos la Ciudad y la Provincia de Buenos Aires. Se trata de una responsabilidad ambiental, técnica y logística de primer nivel. Sin embargo, Tapia no cuenta con formación ni antecedentes en ninguno de esos campos.
Hasta el momento de su designación, su carrera había estado estrechamente ligada al fútbol, primero desde el sindicato de camioneros y luego como dirigente deportivo. No existen antecedentes de participación activa en políticas de gestión ambiental, infraestructura o saneamiento urbano. La pregunta que se impone es: ¿cómo se justifica su nombramiento?
Designación política y juego de poder
El desembarco de Tapia en CEAMSE fue promovido por el gobernador Axel Kicillof, luego de que la Ciudad de Buenos Aires, bajo la conducción de Jorge Macri, decidiera removerlo de la vicepresidencia de la empresa. Desde el entorno de Kicillof se buscó mostrar su regreso como un acto de equilibrio político. Sin embargo, analistas y opositores lo interpretaron como una revancha en clave partidaria.
Según reveló el portal “100 Noticias por Día”, el cargo que ocupa Tapia tiene una remuneración estimada de $8.500.000 mensuales en mano, lo cual agudiza el malestar. Para algunos, se trata de un uso ineficiente de fondos públicos para premiar fidelidades personales más que para mejorar la gestión.
La doble camiseta: CEAMSE y AFA
Otro punto crítico es la simultaneidad de funciones. Tapia continúa ejerciendo como presidente de la AFA, una entidad que no sólo demanda presencia permanente, sino que también se ha visto envuelta en internas políticas y polémicas deportivas recientes. Desde el Gobierno porteño señalaron que el puesto en CEAMSE requiere “dedicación exclusiva”, algo incompatible con la agenda del dirigente.
En ese marco, resulta difícil imaginar cómo se podrá cumplir adecuadamente con la exigente labor de sanear y modernizar el sistema de gestión de residuos del conurbano bonaerense, si quien lidera el proceso tiene otra ocupación de tiempo completo en uno de los sectores más convulsionados del país.
Una oportunidad perdida
La CEAMSE no es un organismo menor. Las decisiones que allí se toman afectan directamente la salud ambiental, la calidad de vida de millones de personas y el destino de enormes presupuestos públicos. En tiempos donde el cambio climático y la sustentabilidad deberían ser prioridad, la designación de Tapia aparece como un retroceso.
Más que un paso hacia la modernización o la profesionalización del Estado, su llegada parece responder a la lógica de siempre: repartir poder entre amigos y aliados, sin importar la competencia o el impacto a largo plazo.
La pregunta que queda flotando es incómoda pero inevitable: ¿cuántas CEAMSE más están en manos de dirigentes sin preparación específica? ¿Cuánto puede avanzar la Argentina si la política sigue ocupando espacios clave con criterios de conveniencia y no de capacidad?
Mientras tanto, los residuos siguen acumulándose. En los rellenos sanitarios y, quizás, también en la política.
