Desde temprano comenzaron a llegar columnas de distintas facultades y universidades nacionales. Sobre la avenida se mezclaban estudiantes, docentes, investigadores del Conicet, familias enteras y agrupaciones políticas. También participaron actores, músicos y referentes culturales que en las horas previas habían difundido videos en apoyo a la movilización.
Mientras el Gobierno calificó la convocatoria como un “acto opositor” y desplegó el protocolo antipiquetes, el tránsito quedó totalmente interrumpido en el eje que conecta el Congreso con la Casa Rosada, afectando la circulación en Avenida de Mayo, Hipólito Yrigoyen y las diagonales Norte y Sur. Entre bombos y banderas, las columnas avanzaron con un cántico unánime: “Universidad de los trabajadores, y al que no le gusta, se jode, se jode”.
La preocupación, repetida en muchas voces, es que el Gobierno entró en un terreno de gravedad institucional al ignorar la Ley de Financiamiento y los fallos judiciales que lo obligan a actualizar los fondos. Lo que se discute hoy es la decisión política de mantener o no el sistema universitario público en funcionamiento.
