Llega el finde y la pregunta es: ¿Qué hacemos? Quizás creas que para conocer lugares nuevos hay que hacer muchos kilómetros. Tengo una buena noticia. Acá nomás hay sitios que podés conocer sin tener que desplazarte demasiado.

En este sentido, es probable que te hayas preguntado cómo son algunas localidades que ves en carteles en la ruta. Este es uno de esos sitios. Decime si en la ruta 36 no viste alguna vez el cartel de Poblet

Tenés dos maneras de llegar. Claramente una es más entretenida que la otra, y esa la que te voy a contar, sobre todo si te gusta disfrutar del paisaje.

Para llegar a Poblet tenés que cruzar la ciudad de La Plata hasta el cementerio; esto lo podes hacer por Diagonal 74  o rodear lo que se conoce como Circunvalación (que es la avenida que rodea todo el casco de la Plata). En la intersección de calle 137 giras a la izquierda y seguís hasta la calle 602. Ahí, doblas a la derecha y continúas hasta la calle 167 (por las dudas te dejo el mapita para que no te espantes).

De a poco te vas alejando de la urbanización, apenas estás a unos metros de la avenida que conecta diversas localidades del gran La Plata y pareciera que llegaste a otra ciudad. El paisaje va transformándose, ya casi no hay “ladrillos” a la vista. 

Todo es verde. Las formas y colores de las quintas que pertenecen al cordón frutihortícola de La Plata te envuelven suavemente y te regalan sus colores. Dependiendo de la época podes ver alcauciles, invernaderos con el famoso tomate platense, acelgas, entre tantos otros vegetales. 

Al pasar las quintas, y adentrarte más en el campo, podés cruzarte con algunos gansos que se anticipan ruidosamente a tu llegada, algunas ovejas, cabras y vacas. El camino “te lleva”, así que no tengas miedo, acá “todos los caminos conducen a la estación Poblet”.

Este suele ser un destino típico de los ciclistas, como tantas otras estaciones de tren en funcionamiento o abandonadas. Al llegar podes recorrer el predio y por qué no tomarte unos buenos mates contemplando el paisaje. 

La naturaleza original de la zona se apropió del espacio, hay flores silvestres, un manto espeso verde cubre todo el lugar y suelen pastar por allí y trotar libremente hermosos caballos. Disfrutá de los sonidos que sólo estos lugares alejados de la ciudad te pueden brindar, respirá profundo y deleitate con el infinito verde.

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“Al final hay recompensa”, decía Ceratti. Después de descansar un rato, te recomiendo que continúes por el sendero que te lleva a la Ruta 36. Ahí están los sanguches de crudo y queso que sólo el almacén los Baskos puede ofrecerte. Frescos, recién armaditos y ¡muy ricos!. La fauna de la zona es un tanto peculiar. Es raro que se acerque un perro, en su lugar llega una manada de gallinas, gallos e incluso algún pato perdido. Te siguen cual perro de sulky para ver si “se te cae alguna miguita de pan”. Si te dejan, ¡que lo disfrutes! La vuelta va a ser mucho más gratificante seguramente.

(Trampita: si no te queres perder este super sanguche de crudo y queso, sobre Ruta 36 alto km 70, vas a ver el cartel).

Podes volver por el mismo camino, o tomar la Ruta 36. Es un poco más peligrosa porque no hay banquina, pero no imposible.

Hasta la próxima aventura.

F.M.


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