El aumento del costo de vida y, en particular, de los alquileres, se convirtió en una de las principales barreras para la independencia de los jóvenes en Argentina. Según un informe de la consultora Analytica, alrededor de 140.000 personas de entre 18 y 29 años debieron regresar a la casa de sus padres o desistir de sus planes de mudarse.
La proporción de jóvenes de esa franja etaria que vive de manera autónoma cayó al 23,3%, en un contexto en el que los gastos de vivienda absorben una parte cada vez mayor de los ingresos.
Desde noviembre de 2023, la canasta de consumo de una persona joven que vive sola acumuló un incremento del 387,9%. Dentro de ese conjunto, el rubro de vivienda, agua, electricidad y gas registró una suba del 637,9%, muy por encima de la inflación general del período.
Actualmente, los gastos de vivienda y servicios representan el 26,6% del presupuesto de un joven independiente, frente al 13,5% que significan para el promedio de la población.
En La Plata, alquilar consume casi el 40% de los ingresos
La situación también se refleja en La Plata, donde el costo de alquilar un departamento de un dormitorio supera los $620.000 mensuales si se incluyen las expensas.
De acuerdo con el séptimo informe municipal sobre el mercado de alquileres, el valor promedio del alquiler alcanzó los $535.636, mientras que las expensas promediaron $84.602. En conjunto, el gasto representó el 38,9% del ingreso familiar promedio registrado en junio.
Las dificultades económicas afectan a una proporción importante de los hogares inquilinos: el 48,5% destina la mitad o más de sus ingresos al pago del alquiler. Además, el 78,5% de los hogares bonaerenses con contratos vigentes registra deudas activas.
La imposibilidad de afrontar los costos también impulsa las mudanzas. Según la Encuesta Nacional Inquilina, el 21,5% de los hogares bonaerenses debió cambiar de vivienda durante el último semestre por dificultades para pagar.
En paralelo, una encuesta de la Universidad Argentina de la Empresa (UADE) reveló que el 44% de los jóvenes vive con sus padres y que el 15% regresó al hogar familiar después de haberse independizado. Entre quienes debieron dar marcha atrás, el aumento del alquiler apareció como uno de los principales motivos.
La precariedad laboral agrava el problema
A las dificultades habitacionales se suma un mercado laboral que ofrece pocas garantías de estabilidad para los jóvenes.
La tasa de desempleo entre los menores de 30 años alcanza el 15%, mientras que solo el 38,3% de los ocupados de esa franja tiene un empleo registrado. Ese porcentaje cayó 5,3 puntos en apenas un año.
También se deterioró el poder adquisitivo. Desde 2023, el salario real de los jóvenes registrados perdió un 9,1%. A su vez, quienes trabajan por cuenta propia perciben, en promedio, un 51,4% menos que los asalariados formales de la misma edad.
La informalidad laboral representa un obstáculo adicional para acceder a una vivienda. Sin recibos de sueldo ni ingresos estables que puedan acreditarse, muchos jóvenes encuentran dificultades para reunir los requisitos que exigen las inmobiliarias y los propietarios, especialmente a la hora de presentar garantías.
De esta manera, la precariedad laboral y la crisis habitacional se retroalimentan y postergan los proyectos de independencia.
Deudas para sostener un techo
La presión económica también se refleja en el endeudamiento. Según los datos citados en el informe, el 39,1% de los deudores financieros de entre 18 y 30 años presenta algún grado de morosidad, frente al 28,3% registrado en el conjunto del sistema financiero.
A su vez, un relevamiento de la Defensoría del Pueblo bonaerense indicó que el 56,6% de los inquilinos consultados tomó un préstamo durante el último año. De ese grupo, el 73,5% todavía no había logrado cancelarlo.
A nivel nacional, el 37% de los hogares inquilinos se endeudó para pagar el alquiler y el 55% recurrió al crédito para comprar alimentos. En ese escenario, el 47% de esos hogares tiene dos o más empleos para llegar a fin de mes.
El endeudamiento, así, deja de ser una herramienta para financiar proyectos o adquirir bienes y se convierte en un recurso para cubrir necesidades básicas.
Millones de jóvenes siguen viviendo con sus padres
Las dificultades para acceder a una vivienda propia o alquilada también se extienden a los adultos jóvenes. Según el Observatorio Federal de Acceso a la Vivienda, sobre la base de datos de la Encuesta Permanente de Hogares del INDEC, el 37% de las personas de entre 25 y 35 años continúa viviendo con sus padres.
En términos absolutos, la cifra equivale a unos 2,5 millones de personas que todavía no lograron concretar su independencia económica.
La situación refleja un cambio profundo en las posibilidades de construir un proyecto de vida autónomo. Para muchos jóvenes, dejar la casa familiar ya no depende únicamente de conseguir un empleo, sino de alcanzar ingresos suficientes para afrontar alquiler, expensas, servicios y alimentación sin recurrir al endeudamiento.
En ese contexto, la independencia se posterga y el acceso a una vivienda se convierte en uno de los principales desafíos económicos y sociales para las nuevas generaciones.
